El abrazo de la serpiente: La apuesta por un sueño.

Alguna vez leí de Cortázar, que “un buen cuento es como una serpiente que se muerde la cola”, pues bien, esta cinta colombiana dirigida por Ciro Guerra es una pieza uróbora, de esas que se engullen a sí mismas en una narración circular que comprende un ciclo eterno; una película serpentiforme y bicéfala, cuyas cabezas se terminan por encontrar, cuando las dos historias de las que se sirve se vuelven una sola. Es a través de esa agreste amazonia, plateada y monocromática, que viajaremos por dos temporalidades distintas; una travesía por la búsqueda del conocimiento, pero de uno universal y sostenible, el mismo que pueda unificar los distintos saberes de la humanidad en pro del susurro de la selva, y de la herencia, de esos pueblos indígenas, que está enredada en las líneas de nuestras manos. 

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En 1909, las corrientes de un río amazónico juntan a Karamakate —chamán y último sobreviviente de su tribu—con el científico alemán Theodor Koch-Grünberg, quien convaleciente, solicita la ayuda del nativo curandero. Algo llama la atención del joven indígena, y es que el moribundo luce un collar propio de su extinto pueblo. El germano asegura haber tenido contacto con ellos, e insiste en que aún quedan más supervivientes de la colonización cauchera. Así pues, ambos emprenderán un viaje hacia las ruinas de la tierra natal de Karamakate, en donde brota la yakruna, planta sagrada que podrá sanar al europeo.

Escamas negras y blancas.

Ya está echada la suerte, y usted, como espectador, no podrá más que recibir el abrazo de una víbora, pero no de una cualquiera, sino de una que se le abalanzará para cortarle la respiración, envolviéndolo en un mundo a blanco y negro, tonos que serán la dermis y la química de esta cinta, y que serán la voz de una selva enigmática, cuya sabiduría no se hubiera podido capturar con ningún otro color. Este, pues, es el trabajo de Ciro Guerra. Un intento por presentar a toda una desconocida, a esa Amazonía que está detrás de todas las fronteras que nos inventamos para no mirarla a los ojos, y que en esta ocasión, viste un traje opaco como símbolo de esa indiferencia con que la hemos despojado de su colorido.

primeras-imagenes-de-el-abrazo-de-la-serpiente-de-ciro-guerra-estreno_opt2_Tales son las propiedades monocromáticas de la piel de esta descarnada serpiente, la cual no se arrastra sino que se eleva, que llegan a trasmitir un indudable sentimiento de luto, pero también de eso que se abre al misterio. Luto, quizá por el hecho de que ese manto selvático se pierde cada vez más, al tiempo que los ríos se estrechan. Tristemente, los diarios de los dos científicos extranjeros que retratan su estadía en la Amazonía colombiana en el siglo XX, y en los que está sutilmente basada la película, describen otra selva, una más viva, diferente a la que se encontró el equipo de rodaje; de entrada hay un sentimiento de pérdida, de ensoñación por lo que ya no es.

Valió la pena la apuesta por el blanco y negro que hizo el equipo de Guerra, pues los paisajes brillan con un expresionismo impecable e imposible de ignorar, al punto de que cada elemento, por mínimo que parezca, cobra un misticismo envolvente; la naturaleza se magnifica y dignifica. Este Amazonas es un Yin Yang, que probablemente nos estaría hablando de la integración del humano con la naturaleza, cuyas supervivencias dependen de que estos dos elementos se equilibren en uno solo. Vale la pena añadir, como bogotano que soy, que esté aspecto monocromático representa ese sentimiento de lejanía, de extrañeza, de distancia y de desconocimiento que tienen, sino la mayoría de colombianos, frente a esa, su selva.

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“Ahí va la serpiente de tierra caliente …”

Esta no repta de forma lineal, sino que zigzaguea a lo largo de dos temporalidades que poco a poco se van enhebrando hasta abrazarse la una a la otra.

imagesHan pasado 31 años desde el encuentro entre Karamakate y el explorador Theodor, quien jamás regresó a su hogar. Es 1940 y el río le brindará una nueva oportunidad al chamán para enmendar los errores del pasado, es por esto que lo juntará por una vez más, o por vez primera, con el botánico estadounidense Richard Evans Schultes, quien apoyado en los libros del alemán, va en búsqueda de esa mística planta, la yakruna. Consciente de que el mundo necesita conocer el mensaje que esconde la preciada flor, el ya viejo indígena decide ayudar a Evans en su búsqueda.

images (1)Juntos recorrerán el presente, volviendo sobre las huellas con que ellos y sus ancestros anduvieron por el pasado, sin dejar de divisar las consecuencias de sus acciones que se alzaron sobre la selva. Cuando ambos tiempos han de cruzarse, se sabrá que el futuro no perdona los actos de otrora, pero aún no es tarde para que el conocimiento ancestral de un Amazonas que se desmorona, generé un eco en las nuevas generaciones, para preservar así un legado que se extingue. Esa fusión de temporalidades, se da a buen ritmo, decantando en la continuidad de una película que sabe desde el principio a dónde quiere llegar, y a dónde quiere llevar a quienes la siguen.

Al mirar los ojos del basilisco.

¿Qué hay bajo la piel de esta serpiente, que muda de pellejo entre una y otra historia?

images (2)Desde un inicio, Karamakate es consciente de que el mal que aflige al alemán, es producto de la incapacidad de esté por entender a la selva, quien lo enferma para guarecerse de su mano. De esta manera, Theodor representa a ese hombre de occidente, que para muchos nativos, es la amenaza de sus tierras, la puerta abierta a la cauchería, a la evangelización violenta, y a todo ello que es mucho más bestial que la bestia más impetuosa de la selva. El científico está enfermo, pero su malestar no es propio de sí, sino de toda una generación de blancos; es una simple metáfora de la ignorancia y de la avaricia con la que los hombres “civilizados” se alzan sobre culturas ajenas y diferentes, un mal que solo podrá curar la yakruna.

Luigi-sciamann-interpreta-Gasper-catalan_NACIMA20151218_0112_6Y es que lo peor de nuestras sociedades ha dado a parar a la selva, mezclándose allí, donde sus comunidades no solo se han visto explotadas, sino que han mutado y han quedado en el limbo de múltiples concepciones de occidente, como la evangelización y la colonización, con las que se pretende educar a un pueblo ancestral, y cuyo único logro ha sido confundir y alterar unos saberes que ya no heredaremos, y que se han despojado de toda esencia en nombre de una gran ignorancia con la que se borran tradiciones y culturas. En este sentido, la película es certera, brutal y crítica, al evidenciar estas problemáticas.

descarga (2)Todo ello ha traído devastación, al punto de exterminar la tribu de Karamakate. Pero él, como último sobreviviente, tendrá que aprender una lección mucho más grande que su pérdida. Y es que El Abrazo de la Serpiente, expone el valioso mensaje de que concientizar a quien nos amenaza es el único camino para sobrevivir, puesto que destruir a quien nos ha destruido, solo hace parte de la destrucción misma. Así pues, el Karamakate joven intentará descifrar aquello que sus sueños, las montañas y los ríos le dicen sobre su par alemán, un secreto que hará que la desaparición de sus hermanos no haya sido en vano. No es hasta que envejece, que el chamán logra interpretar su misión en el mundo: Él debe revelarle a ese hombre de occidente, ahora representado en Evans, la nobleza de su pueblo, debe compartir la sabiduría de su tribu, para que ese blanco, a su vez, se la trasmita a los suyos en sus lejanas tierras, para crear así una consciencia que detenga el caos y que apacigüe el saber científico y el progreso, con los espíritus de la tierra.

comentario-pelicula-el-abrazo-de-la-serpiente-6Richard Evans, es la reencarnación simbólica de Theodor Koch- Grünberg; es la última oportunidad que tiene Karamakate para reconciliar los dos mundos, ventura que esta vez no dejará pasar. “Si se hubiese enseñado al padre, el hijo habría nacido en un mundo mejor”, es un poco lo que dice la película, pero al no hacerlo, Karamakate se culpa del progreso de la violencia y de que el botánico estadounidense esté marcado con ese pensamiento de maldad y de aprovechamiento irracional, el mismo que le impide soñar, pues es incapaz de respetar los saberes de esos otros y de esas otras tierras. Él es el centro de sí, pero no es hasta que comprende que gira alrededor de algo mucho más grande, que finalmente puede soñar.

Una sociedad de chullachaquis.

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¿Qué son las imágenes de nosotros mismos, sino fragmentos que han quedado congelados en el destiempo? Así se siente Karamakate luego de ser capturado por el lente de Theodor, su alma se ha convertido en una imagen estática, su alma ha perdido su pasado. De esta forma envejece el chamán, viendo como ya no son suyos, los conocimientos y la sabiduría que alguna vez poseyó. Dice haber quedado convertido en un chullachaqui, un cuerpo sin recuerdos, desprovisto de sí; una imagen del ser que alguna vez fue, estancada en el vació de quien ha dejado de sentir la conexión con la madre tierra que antes lo sustentaba. El solitario indígena ha quedado relegado a este estado, por el hecho de no compartir sus conocimientos con el alemán, quien morirá sin saber de la yakruna, que ha sido destruida por Karamakate, destruyéndose también junto con toda posibilidad de que puedan continuar los saberes ancestrales de la selva. Por ello es que este personaje olvida su pasado, por el hecho de haber atentado contra un futuro universal.

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¿Pero quién no se ha sentido como un chullachaqui, como esa imagen fija, fragmentada y estática?, ¿Quién no sería un chullachaqui luego de haber atentado contra el futuro que todos compartimos, destruyendo, contaminando este nuestro planeta, o asesinándonos de todas esas maneras que hemos sabido desarrollar para lastimarnos los unos a los otros? Reflexiones que traen consigo esta película, que más que eso, es un abrazo directo a la conciencia.

B_cxdFQVAAAHYtILa única forma que encuentra Karamakate para dejar de ser un chullachaqui,  es enmendar los errores del pasado, por eso es tan importante para él hacer que Evans sueñe, que esté dispuesto a recibir su abrazo, y qué pueda reconocer en la inmensidad de la naturaleza la gran responsabilidad que se tiene frente al universo. Eso es soñar, saber escuchar a la tierra. Devolverle algo de lo que tan generosamente da, es sin duda el legado más importante que se puede transmitir, y el conocimiento más fundamental con el que podemos preservar nuestro hogar, el mundo y la vida; y esto en últimas, es la yakruna, porque este pensamiento es la cura a la desgastaste enfermedad que padecemos.

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Así es como Karamakate, al compartir el secreto de la vida con el que creía su rival, deja de ser un chullachaqui; es así como se abrazan. La concientización es la única forma de pervivir, de coexistir; el enseñarnos los unos a los otros, por muy diferentes que seamos, es una responsabilidad frente a ese tejido de humanidad que todos conformamos. La verdadera prosperidad, y el más significativo de los avances, solo vendrán de la mano con el deber que se tiene de trasmitir los saberes de la tierra. Sólo al enseñarle a nuestros hijos a soñar con la naturaleza, y a respetar al mundo, dejaremos de ser una sociedad de chullachaquis. 

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La culebra termina por enroscarse. 

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Desde un principio mencioné que este film es una pieza uróbora, como esas serpientes o dragones que no terminan nunca de devorarse a sí mismos. Pues bien, las dos historias de esta cinta se encuentran como dos ríos que van a dar un mar de incertidumbre. Estás criaturas hambrientas de sí, se caracterizan por representar la lucha eterna o bien el esfuerzo inútil, ya que el ciclo vuelve a comenzar a pesar de las acciones para impedirlo.

images (5)Muchos son los que piensan que la destrucción de la naturaleza es una concatenación de sucesos que no sabremos detener por mucho que se haga, y otros tantos actúan pensando todo lo contrario. Una vez más volvemos al Yin Yang, al blanco y negro de la película. Será decisión pues, de cada cual, ubicarse en el bando que se quiera, pero solo hay que recordar que todos hacemos parte del equilibrio, del ciclo. También esto es lo que representan los uróboros, la unidad de todos los elementos que no cambian en la eterna destrucción, pero en la siempre nueva creación. Esa es quizá nuestra infinita responsabilidad, la de permanecer todos juntos como unidad. Por qué lo más importante que simbolizan estas criaturas mitológicas que se muerden la cola, como todo buen cuento, es que los puntos opuestos terminan por unirse, por abrazarse.

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Karamakate ha tenido un sueño en el que se le ha encomendado una misión: Tiene que proteger al blanco de la descomunal boa que lo amenaza. En el pasado creyó que dicho sueño significaba que el hombre de occidente era esa terrible criatura, pero luego de quedar convertido en un chullachaqui, sabe bien que la única bestia destructiva siempre ha sido él, porque condenó al alemán privándolo de aprender los conocimientos de su pueblo. Karamakate es la serpiente, fiera orgullosa y territorial, que para imponerse debe atacar a ese jaguar que lo amenaza. Los años le llevan a entender que dicha persecución entre estos dos seres solo causa más destrucción. La serpiente tendrá que ser mucho más sabia de lo que nunca ha sido, y en vez de clavar sus venenosos colmillos, decide abrazar a ese que ha dejado de ver como enemigo. Serpiente y jaguar se abrazan; indígena y blanco se vuelven uno, se reconcilian.

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Ese es el abrazo de la serpiente, abrazar al enemigo y dejar de verlo como tal. Un abrazo que pretende que el otro pueda “soñar” para salvarse, para salvarnos. Karamakate ya lo va entendiendo, y es que la salvación solo se puede lograr al hacer que el blanco, el cauchero, el explotador, el colono y el evangelizador puedan soñar, para que puedan así apreciar la belleza desbordante de ese futuro que solo se consigue cultivando la tierra del presente. El Abrazo de la Serpiente, no solo es un logro fílmico para toda Colombia y para su cinematografía, sino que es una invitación para que todos soñemos con que se puede lograr un mundo mejor, por qué todo el que la ve, aprende a soñar como los indígenas.

Javier Andrés Arias Bernal

TW: @jaabBernal

silogismocronico@gmail.com

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Ficha técnica

Colombia. 2015. Título original: El abrazo de la serpiente. Director: Ciro Guerra. Guion: Jacques Toulemonde, Ciro Guerra. Fotografía : David Gallego. Música: Nascuy Linares. Duración: 125 minutos. Productora: Coproducción Colombia-Venezuela-Argentina; Ciudad Lunar Producciones / Buffalo Producciones / Caracol Televisión / Dago García Producciones / MC Producciones / Nortesur Producciones. Montaje: Etienne Boussac. Intérpretes: Brionne Davis, Nilbio Torres, Antonio Bolívar, Jan Bijvoet, Nicolás Cancino, Yauenkü Migue, Luigi Sciamanna. Presentación oficial: Festival Internacional de Cannes 2015 (Ganadora Quincena de realizadores).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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