«El Sur» por Borges: El devenir poético de la contemplación

El SUR

(Fervor de Buenos Aires – edición de 1969)

Desde uno de tus patios haber mirado
las antiguas estrellas,
desde el banco de sombra haber mirado
esas luces dispersas,
que mi ignorancia no ha querido nombrar
ni ordenar en constelaciones,
haber sentido el círculo del agua
en el secreto aljibe,
el olor del jazmín y la madreselva,
el silencio del pájaro dormido,
el arco del zaguán,  la humedad
—esas cosas, acaso, son el poema.

Jorge Luis Borges. Fervor de Buenos Aires, Buenos Aires, Emecé Editores, 2007.

 

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Reflexión:

El título de este poema se refiere al sur de Buenos Aires, zona de la ciudad que tanto atraía al joven Borges, enamoradizo de arrabales y periferias, pero, sobre todo, de esos espacios desnudos de límites exactos (quizá esto se deba a su temprana obsesión por lo infinito). De este modo, el sur se puede interpretar como un sur personal; un estado de contemplación que utiliza la metáfora y el epíteto para caracterizar los espacios de la típica casa sureña de Buenos Aires. Así, el patio, el aljibe, el zaguán y el olor a jazmín y a madreselva, se inmortalizan como integrantes icónicos de la simbología porteña.

La contemplación o reflexión que en su poema propone Borges, le permite al poeta explorar su profundidad interior. Allí, el agua fluye como círculo infinito en el secreto aljibe, que de por sí enmarca un devenir poético frente a la contemplación: todo lo que se mira a través de los ojos cobra vida para observarnos a través de esos mismos ojos, convirtiéndose en poema; se escucha —en el interior— el silencio de un pájaro dormido  —lo que recuerda el verso «Un pájaro que va y viene, soñando que él es un pájaro» del poema «Las cosas» de Pedro Salinas (1949)—. Ese estado de contemplación, en fin, nos permite habitar un espacio abstracto e interior (un patio, en el caso de Borges), desde el que se contempla el propio firmamento; astros y sentires que no necesitan ser ordenados por la razón.

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La arquitectura borgeana que encierra el poema «El Sur», se caracteriza por ser metáfora del interior y por el continuo dialogo del ser y no ser que la constituye, y cuya dualidad encarna el arco de un zaguán que divide un espacio exterior de uno interior. Eso, acaso, es el sur. La propia frontera, la que se atraviesa al contemplar —y al escuchar— la imagen que pide ser hecha poema.

Por: Javier Andrés Arias Bernal

TW: @jaabBernal – Instagram: Liter_arias – Contacto: silogismocronico@gmail.com

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